La Geopolítica de la Biodiversidad y el Desarrollo Sustentable
Fenómenos como la globalización, donde se encuentran inmersos aspectos como el comercio, la tecnología y la movilidad de personas, han modificado de manera relevante los conceptos de tiempo y espacio, resultando además en efectos negativos al ambiente en el planeta entero, derivados del aprovechamiento desmedido de los recursos naturales, en donde se ha priorizado el desarrollo económico, en donde la sustentabilidad tanto ambiental como cultural ha sido la más afectada.
Como parte del proceso económico del desarrollo, en el que se incluye el desarrollo sustentable, se identifica que la naturaleza ha sido cosificada, es decir, ha sido desnaturalizada de su complejidad ecológica y convertida en materia prima de un proceso económico, permitiendo la explotación capital de la misma, provocando lo que se considera como un latifundio genético, derivado de que ahora las zonas de alto valor biológico y cultural es considerado como riqueza genética.
Esta nueva conceptualización está estrechamente asociada al aprovechamiento económico de los recursos genéticos que son la materia prima de los grandes consocios de industrias farmacéuticas y de alimentos, a diferencia de los países y pueblos donde existen zonas de alto valor en biodiversidad, estas representan una significación más cultural, que son perturbados cuando se les da un valor económico.
La economía ecología se ha encargado de plantear las formas normativas en las que debe de regularse el aprovechamiento del medio ambiente, buscado internalizar los costos del mismo, ademas de delimitar la expansión para que sea posible la reproducción de las condiciones ecológicas, logrando una producción sustentable y una regeneración del capital natural, desafortunadamente, la económica carece de flexibilidad y maleabilidad para ajustarse a las condiciones de sustentabilidad ecológica, es decir , a pesar de todos los estudios acerca de la insustentabilidad creciente en el planeta y los riesgos ecológicos, no se ha logrado liberar de las razones de fuerza mayor del mercado, a pesar del desarrollo de propuestas como la ley de entropía que limita el crecimiento económico sobre la naturaleza, buscando una racionalidad ambiental
Resultado de los procesos de sustitución de importaciones e industrialización en años anteriores y con ideas de dependencia, en los años 90 en las ciudades latinoamericanas se han vuelto a orientar al uso intensivo de recursos naturales para la exportación, revestidas bajo el concepto de desarrollo sostenible, en el que se generan nuevas formas de proteccionismo comercial en el que es evidente el detrimento ambiental a pesar de existir políticas de protección y reserva de la naturaleza, siendo necesario pero inexistente el desarrollo tecnológico propio en las regiones, con la finalidad de un mejor aprovechamiento de los potenciales ecológicos con los que cuentan.
De acuerdo a la geopolítica del desarrollo sostenible, un factor determinante es la ubicación de los países, esto también se ve reflejado en los fenómenos naturales adversos de los últimos años, presentes en el hemisferio sur del planeta, la Antártida y el Cono sur, a pesar de los diferentes esfuerzos políticos por implementar medida para mitigar y reducir los efectos del aprovechamiento desmedido de los recursos naturales y la contaminación, como lo fue el Protocolo de Kioto, enfocado a reducir los efectos del cambio climático, por la emisión de gases de efecto invernadero, pero transfiriendo los efectos a países ricos en biodiversidad, regularmente pobres, que venden barato sus servicios ambientales, por lo que es cuestionable la efectividad del Protocolo de Kioto.
Otro aspecto relevante en materia de políticas de protección de los recursos naturales, se encuentra enfocado a la zonas forestales, inmerso en la Agenda 21, en América Latina existen varios países con altas tasas de deforestación, en donde despuntan México y Ecuador, seguidos de Brasil y Colombia, sumando cuatro millones de hectáreas anualmente, como se menciona anteriormente los efectos de estos detrimentos se ven reflejados en el incremento de la intensidad de los fenómenos meteorológicos, las altas temperaturas, los incendios masivos, los super huracanes e inundaciones.
Por otro lado, el aprovechamiento de la biodiversidad originaria de los conocimientos ancestrales de algunas culturas, no se ha considerado en los acuerdos políticos internacionales de la Agenda 21, permitiendo el uso y modificación de propiedades genéticas, desarrollando la modificación genética de algunos recursos y mayor control de las industria de alta tecnología, manteniendo así el control en los procesos productivos, además de que se modifican los suelos para la producción de otros productos como la soya, que provocan la deforestación y la erosión, modificando la biodiversidad y el medio ambiente.
Es importante mencionar que en los últimos años se ha generado lo que se conoce como “cultura ecológica”, que buscan la movilización y dirección de procesos sociales hacia el desarrollo sustentable, basados en principios de racionalidad y de valor simbólica y productiva presente en las comunidades y los pueblos campesinos, constituyéndolos como patrimonios de recursos naturales y culturales y desarrollando los estilos prehispánicos de desarrollo sustentable en los que la articulación productiva de diferentes ecosistemas y territorios étnicos provienen de la percepción de la naturaleza como un proceso sinérgico integrado en los que se involucra a la sociedad y sus conocimientos.
Publicado en La transición hacia el desarrollo sustentable, Perspectivas de América Latina y el Caribe, SEMARNAT, INEC, UAM, ONU, PNUMA, Enriqye Leff, Exequiel Ezcurra, Irene Pisanty y Patricia Romerio Lankao (Compiladores), México, 2002.